Trabajar en grupo no significa necesariamente colaborar bien, y esa diferencia se vuelve especialmente importante en la educación online. La distancia, la combinación de comunicación síncrona y asíncrona y la menor presencia directa del profesorado hacen que gestionar expectativas, desacuerdos y emociones forme parte del propio proceso de aprendizaje. El estudio de Adolfo Montalvo García, Santiago Ávila Vila y Frank Longo analiza esta dimensión socioemocional del trabajo colaborativo universitario a partir de 722 estudiantes de másteres de management.
Los autores validan un modelo compuesto por cinco factores (autocontrol, influencia personal, comunicación integral, trabajo en equipo y gestión de conflictos) que permite comprender mejor cómo contribuye cada estudiante a las dinámicas del grupo y qué aspectos pueden favorecer una colaboración más eficaz.
Los resultados respaldan la estructura de cinco factores propuesta y muestran que estas dimensiones están estrechamente relacionadas entre sí. La colaboración online no depende únicamente de repartir tareas o cumplir plazos, sino también de saber manejar los desacuerdos, regular las propias emociones, influir positivamente en el clima del grupo, comunicarse con claridad y contribuir de manera cooperativa.
El estudio identifica además algunas diferencias asociadas al sexo y la edad en varios de estos factores, aunque la aportación principal reside en ofrecer un marco que convierte procesos socioemocionales difíciles de observar en dimensiones que pueden analizarse y trabajarse de forma explícita. Esto abre posibilidades tanto para orientar mejor al alumnado como para diseñar actividades y programas formativos que presten atención no solo al producto final del trabajo en equipo, sino también a la calidad de la interacción que lo hace posible.
El interés del trabajo está precisamente en desplazar la atención desde el resultado final hacia los procesos socioemocionales que sostienen la colaboración. En los entornos virtuales, donde el profesorado tiene menos acceso directo a lo que ocurre dentro de cada equipo, disponer de un modelo de este tipo puede ayudar a detectar dificultades, acompañar mejor a los estudiantes y desarrollar competencias que también serán relevantes en contextos profesionales.
Los autores señalan, no obstante, la necesidad de comprobar su validez en otros contextos culturales y de complementar en futuras investigaciones los autoinformes con datos sobre gestos, expresiones o patrones dinámicos de interacción. Con esa cautela, el estudio deja una idea especialmente útil para la educación superior: colaborar online no es una habilidad que deba darse por supuesta. También requiere aprendizaje, acompañamiento y desarrollo socioemocional.
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Cómo citar: Montalvo García, A., Ávila Vila, S., & Longo, F. (2024). Modelo de trabajo colaborativo online desde la perspectiva socioemocional. RIED-Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 27(2), 17–34. https://doi.org/10.5944/ried.27.2.39115
