La educación online ha resuelto bastante bien el problema de estudiar sin compartir un aula, pero no necesariamente el de aprender con otras personas. El trabajo de Silvia Martínez de Miguel López, Abraham Bernárdez-Gómez y Juan Antonio Salmerón Aroca resulta interesante precisamente porque desplaza la atención de las plataformas hacia algo mucho menos tecnológico: qué ocurre entre los estudiantes cuando tienen que colaborar a distancia.
El estudio reconstruye seis cursos de un máster online a partir de la experiencia de 211 estudiantes, analizando portafolios y foros y completando esa información con un grupo de discusión. El periodo estudiado permite, además, observar un pequeño experimento histórico involuntario: qué cambió antes, durante y después de la pandemia.
Una de las conclusiones más sugerentes es que, a medida que la tecnología se vuelve cotidiana, parece hacerse menos visible. Antes de la pandemia, las referencias de los estudiantes a las herramientas digitales tenían mucho más peso; durante y después de ella, ganaron protagonismo las propias actividades colaborativas.
Y hay otra observación reveladora: cuando las herramientas institucionales no facilitan suficientemente el trabajo, los alumnos construyen por su cuenta una especie de aula paralela. La wiki oficial convive con WhatsApp para comunicarse y Google Drive para escribir conjuntamente, porque esas herramientas encajan mejor con las prácticas digitales que ya conocen. Visto así, una plataforma educativa no compite solo con otras plataformas educativas: compite con la experiencia digital cotidiana del estudiante.
Pero quizá la idea más importante del artículo sea que colaborar online es, en sí mismo, algo que hay que aprender. Repartir estudiantes en grupos y proporcionarles una wiki no produce automáticamente aprendizaje colaborativo. Importan la confianza que se va formando entre los miembros, los distintos ritmos de trabajo, el reparto de tareas, la implicación desigual y la capacidad del propio grupo para regularse. Los estudiantes valoran poder contrastar perspectivas y construir conocimiento con personas procedentes de disciplinas diferentes, pero también describen las fricciones que aparecen cuando falta esa coordinación.
El estudio es cualitativo, retrospectivo y muy ligado a un máster concreto, por lo que conviene no generalizar demasiado sus resultados. Pero deja una conclusión que trasciende el caso estudiado: quizá la madurez de la educación online empiece precisamente cuando dejamos de preguntarnos qué herramienta utilizar y empezamos a diseñar las condiciones para que un grupo de personas pueda realmente pensar y aprender junto, aunque nunca comparta una habitación.
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Cómo citar: Martínez De Miguel López, S., Bernárdez-Gómez, A., & Salmeron Aroca, J. A. (2024). Análisis retrospectivo de la percepción sobre herramientas para el desarrollo de actividades colaborativas en entornos virtuales. RIED-Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 27(2), 35–55. https://doi.org/10.5944/ried.27.2.38983









