La expansión de la inteligencia artificial en las aulas ha generado una paradoja bastante concreta: pedimos al profesorado que aprenda a utilizarla de manera pedagógica, crítica y responsable, pero todavía contamos con pocos instrumentos específicos para saber qué domina realmente y dónde necesita formación.
El trabajo de Andresa Sartor-Harada y Juliana Azevedo-Gomes aborda precisamente ese problema mediante el desarrollo del AI-ED-SAT, un cuestionario de autoevaluación que desplaza el foco desde la competencia digital genérica hacia cuatro dimensiones propias de la IA educativa: comprensión conceptual, uso pedagógico, reflexión ética e integración curricular. La distinción importa, porque manejar con soltura una herramienta de IA no equivale necesariamente a saber cuándo utilizarla, cómo incorporarla al currículo o qué implicaciones tiene delegar determinadas decisiones en un sistema algorítmico.
El instrumento se construyó mediante un proceso bastante exigente: revisión de la literatura, dos rondas Delphi con 12 expertos y una prueba piloto con 128 docentes de siete países hispanohablantes. De los 40 ítems iniciales se conservaron 38, y los análisis psicométricos ofrecen resultados sólidos: una consistencia interna global de 0,93, cuatro factores que explican el 67,8 % de la varianza y buenos índices de ajuste en el análisis confirmatorio.
Pero quizá el dato más sugerente no sea estadístico, sino el perfil que aparece detrás de las respuestas: el profesorado se percibe más competente en el uso pedagógico de la IA que en su dimensión ética y en su integración curricular. Es una diferencia relevante, porque sugiere que la adopción práctica de estas tecnologías puede estar avanzando más deprisa que la reflexión sobre cómo encajarlas en decisiones educativas de mayor alcance.
Conviene, en cualquier caso, interpretar el AI-ED-SAT por lo que es: una herramienta de autoevaluación, no una prueba directa del desempeño docente. La muestra fue además seleccionada por conveniencia, la validación se limita por ahora al ámbito hispanohablante y los propios autores consideran estos resultados una primera validación que deberá replicarse con muestras más amplias y diversas.
Precisamente ahí puede estar una de sus utilidades más interesantes. En lugar de convertir la “competencia en IA” en una etiqueta general, el cuestionario permite descomponerla y localizar necesidades concretas. Utilizado con esa finalidad, puede servir menos para clasificar docentes que para formular una pregunta bastante más productiva: qué necesita aprender cada profesor para pasar de usar inteligencia artificial a tomar buenas decisiones educativas sobre ella.
---
Cómo citar: Sartor-Harada, A., & Azevedo-Gomes, J. (2026). AI-ED-SAT: diseño y validación de un cuestionario para autoevaluar competencias docentes en IA educativa. RIED-Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 29(1), 79–110. https://doi.org/10.5944/ried.45413









