La inteligencia artificial aplicada a la educación suele asociarse hoy a herramientas generativas como ChatGPT, pero sus posibilidades van mucho más allá de la conversación entre una persona y una máquina.
El estudio de Alicia Martínez-De la Muela, Juan Pablo Ruiz-Fuentes y José Luis González-Geraldo explora precisamente otro camino: la combinación de inteligencia artificial e inteligencia colectiva en la educación superior digital mediante Kampal, una plataforma que organiza y transforma las aportaciones individuales de los estudiantes para favorecer la construcción compartida del conocimiento. La propuesta resulta especialmente sugerente porque intenta conciliar dos tendencias que no siempre avanzan juntas: la personalización del aprendizaje y la colaboración entre estudiantes.
La investigación utiliza un diseño cuasi-experimental pretest-postest en una asignatura de un máster universitario impartido en línea. Aunque participaron inicialmente 399 estudiantes, el análisis comparativo pudo realizarse sobre 25 casos coincidentes entre ambas mediciones, una circunstancia que obliga a interpretar los resultados con prudencia. Tras utilizar Kampal, aumentaron significativamente tanto la familiaridad de los participantes con la herramienta como su disposición a emplear en el futuro tecnologías de inteligencia colectiva, con tamaños del efecto elevados.
Sin embargo, no se produjeron cambios significativos en la percepción de su eficacia inmediata ni en las expectativas sobre los resultados. Es decir, experimentar con la tecnología parece favorecer su aceptación y despertar interés por volver a utilizarla, pero no basta por sí solo para demostrar que los estudiantes perciban inmediatamente una mejora de su aprendizaje.
Ahí reside probablemente una de las aportaciones más interesantes del trabajo. Los autores no presentan la inteligencia colectiva mediada por IA como una solución automática, sino como una tecnología cuyo valor educativo depende del diseño pedagógico y de una mediación docente intencionada. Que una respuesta sea la más popular dentro de un grupo no significa necesariamente que sea la más rigurosa, compleja o formativamente valiosa; además, los algoritmos que organizan estas dinámicas pueden introducir problemas de opacidad y funcionar como auténticas «cajas negras».
Kampal aparece así menos como un sustituto del profesor que como un instrumento capaz de ampliar las posibilidades de colaboración si existe supervisión experta. El estudio abre, en definitiva, una vía especialmente fértil para pensar una IA educativa que no solo personalice el aprendizaje individual, sino que ayude también a construir conocimiento con otros.
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Cómo citar: Martínez-De la muela, A., Ruiz-Fuentes, J. P., & González-Geraldo, J. L. (2026). Inteligencia artificial e inteligencia colectiva en la educación superior digital: estudio cuasi-experimental con la plataforma Kampal. RIED-Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 29(1), 29–51. https://doi.org/10.5944/ried.45560
